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Es uno de los miembros del gobierno más cercano a la presidenta del Consejo Giorgia Meloni. En otro tiempo militante de diversas organizaciones neofascistas, incluido el Movimiento Social Italiano (MSI), periodista y director de medios de comunicación, Gennaro Sangiuliano ha defendido siempre una línea conservadora. Él quiere, a partir de ahora, construir una cultura de extrema derecha (1), en línea con la tarea a su cargo. El 17 de marzo pasado, el ministro de Cultura regresó a su ciudad natal. Nápoles conmemoraba, ese día, la unidad italiana. Pero Sangiuliano fue allí a celebrar el lanzamiento de una retrospectiva sobre Tolkien en el Palacio real. Su gobierno llevó el evento por todo el país. En noviembre, en Roma, Meloni –ella misma gran admiradora del escritor– inauguró la exposición, que no tiene nada de espectacular. Lo esencial son los textos que la acompañan y exaltan “la belleza de El señor de los anillos arraigada en la fe cristiana”.

Antoine Pecqueur

Periodista.

La Agrupación Nacional (RN) en el centro del juego, un orden político descompuesto: ¿Cómo llegamos a este punto? Decidida por Emmanuel Macron después del escrutinio europeo del 9 de junio, en el que el partido de Jordan Bardella (RN) obtuvo el doble de votos que el del presidente, la disolución de la Asamblea Nacional no solo sanciona el estrepitoso fracaso de un extremo centro convencido de que se dirige un país como se administra un banco, sino también el fracaso del personaje impulsivo y arrogante que pretendía ser un baluarte contra la extrema derecha antes de abrirle las puertas del poder: “Si ganamos –decía Macron en Saint-Denis el 20 de marzo de 2017– se derrumbarán al día siguiente. No tengo ninguna duda de ello”.

Benoît Bréville, Serge Halimi y Pierre Rimbert

De la redacción de Le Monde diplomatique

¿Pero qué oculta esta expresión en apariencia benevolente de “sentimiento de abandono”, coreado por todo el campo político y mediático en su conjunto? Se impone un llamado a la prudencia porque se adivinan más que nunca las consecuencias sociales de estas palabras utilizadas para resumir lo que pensarían las clases populares. Cuando, por ejemplo, la “inseguridad cultural” deviene la clave para comprender el comportamiento de los “pequeños blancos”, esto autoriza a una cierta burguesía conservadora a hacer descansar sobre otros su propio “pánico moral”. Y la agresión semántica que conlleva tal marco de lectura haría olvidar que un movimiento masivo e inédito como el de los “chalecos amarillos” sostiene otras reivindicaciones económicas y sociales –la crítica al desprecio y la arrogancia del jefe de Estado, el deseo de poder “vivir dignamente”, la desigualdad fiscal. En esto, las clases trabajadoras rurales siguen siendo el arquetipo de la “clase objeto”, “hablada más que lo que ella habla”, según la tesis de Pierre Bourdieu.

Benoît Coquard y Clara Deville

Sociólogos del Institut national de recherche pour l’agriculture, l’alimentation et l’environnement (INRAE), miembros del Centre d’économie et de sociologie appliquées à l’agriculture et aux espaces ruraux, de Dijon.

En 2016, André Rougé—exdirectivo de Bouygues que trabajó para el Partido de las Nuevas Fuerzas (PFN), la Agrupación por la República (RPR) y luego la Agrupación Nacional (RN), por el que es eurodiputado—fundó los Horaces. Este club está formado por políticos, empresarios, altos funcionarios y algunos formadores de opinión. Proporcionan a los partidos de extrema derecha ideas, propuestas y proyectos de ley, así como letra para “burlarse” de los Curiacios de turno. Jean Messiha, énarque [egresado de la ENA (Escuela Nacional de Administración)], exadministrador en el Ministerio de Defensa y fundador del Institut Apollon en 2020, se ha convertido en el celador de este areópago reaccionario en CNews, a veces con la gorra de Agrupación Nacional, otras veces bajo la bandera del partido de Éric Zemmour, Reconquista.

François Denord y Paul-Lagneau Ymonet

Sociólogos

Parece estar claro: Europa se estaría inclinando hacia la extrema derecha. Ésta ya reside en los gobiernos italiano, húngaro y croata, y pronto en el holandés. Forma parte de la coalición mayoritaria en Suecia, Finlandia, Eslovaquia y Letonia. En otros lugares, está avanzando, como en Portugal el pasado marzo. El semanario británico The Economist observa que “más del 20% de los encuestados en 15 de los 27 Estados miembro de la Unión Europea, incluidos todos los países grandes excepto España”, sienten simpatía por los partidos de la “derecha dura” (1). En otras columnas leeremos “populista”, “antiliberal”, “nativista”, “nacionalista”… Es de hecho difícil designarla, hablar de ella. Quizás porque a primera vista allí se encuentra un poco de todo.

Grégory Rzepski

Editorial Espartaco

Julio 2024

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